Background Image

¿Por qué se ríe,
señor Duarte?
Semana 2

Post Image
20 Abr

¿Por qué se ríe, señor Duarte?


Desvío de recursos públicos, vinculación con el crimen organizado, favores empresariales, fondeo ilícito de campañas electorales, asesinato de periodistas, fosas clandestinas, quimioterapias ficticias; ninguna razón para reír.

Sin embargo el ex gobernador de Veracruz aparece sonriendo mientras es detenido en Guatemala, como si hubiera recibido un premio, como si no pasara absolutamente nada y fuera esposado para ser llevado de paseo.

Una vez más, el cinismo tiene rostro de político mexicano. Un hombre cuya carrera pública ha estado plagada de actos corruptos, violaciones a la ley, minimización de actos barbáricos, sordera ante el dolor de tantas desapariciones. ¿Les suena conocido? Una historia más de abuso de poder que lastima a México y que, esta vez, parece que la justicia ha alcanzado al menos a uno.

Y de ser así, ¿por qué se ríe entonces el señor Duarte? ¿Qué seguridad le fue prometida estando él en otro país, cuyo proceso de extradición podría llevar semanas, si fuera necesario? ¿Qué declaraciones contundentes y de primera plana prepara el ex mandatario en pleno proceso electoral?

El señor, cuya sonrisa pizpireta nos intriga más que el paradero de los miles de millones de pesos que saqueó durante su mandato, ha sido señalado como financiador de varias campañas electorales priístas, incluída la de Enrique Peña Nieto; así como de otorgar una suma millonaria mensual al líder moral de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Ya se vaticina el vuelo de los cañones, el disparo de ballestas; la guerra electoral de siempre, la más importante: la antesala a la elección presidencial.

Es cierto que la justicia no conoce de tiempos y que cualquier día es bueno para celebrar la captura de cerdos mordaces que duelen en lo más profundo de nuestra historia política; razones con manos para robar y pies para huir que han desvirtuado las instituciones e incentivado la apatía ciudadana: “todos son lo mismo”.

Pero seríamos de visión corta o muy creyentes de las casualidades, para pensar que la detención del señor Duarte no llega como anillo al dedo para el escenario electoral priísta. La reivindicación de las nuevas filas; el partido en constante renovación que se deshace de sus cánceres y, mejor aún, los persigue y detiene en países fronterizos. Eso está para celebrarse con una cruz sobre el símbolo del partido en la boleta de los 125 municipios mexiquenses; tan real como que el único delito en Veracruz ha sido robar gansitos.

Celebrarlo sería olvidar todas las razones que lo llevaron a ese punto: el partido que respaldó su candidatura y gobierno; los congresistas que aprobaron su licencia para irse antes de expedida su orden de aprehensión; los empresarios y funcionarios públicos que, sabiendo y, probablemente, compartiendo su clase humana, ayudaron a saquear al estado y dejarlo con la peor deuda de su historia; a los que encubrieron asesinatos y, peor aún, ayudaron a desaparecer a tantos periodistas.

La detención no debe celebrarse; que surjan los vítores cuando un tribunal mexicano dicte una sentencia equiparable a las atrocidades cometidas por este caballero de la sonrisa macabra. Cuando la política se dignifique y los próximos Javier Duarte sean la excepción, y no la regla de nuestro sistema político. Cuando un evento de justicia sea eso, justo, y no una plataforma para otra cosa. Cuando el detenido tenga miedo, porque sabe que lo que le espera no puede ser parado por ningún padrino, compadre o amigo.

Sí merezco justicia. Sí merezco un México libre de escorias políticas.